Impactos de los agrocombustibles en la vida de las comunidades

En Centro América, El Salvador, al igual que Guatemala, Honduras y Nicaragua padecen severos daños y pérdidas por los impactos del cambio climático. A pesar que solo contribuye con el 0.5% de las emisiones globales de gases de invernadero, actualmente está entre las regiones más impactadas. El año pasado la organización alemana Germanwatch en su Índice de Riesgo Climático Global concluye que 4 países de Centroamérica como los más afectados mundialmente por el cambio climático.

La frecuencia de tormentas mayores y huracanes en Centroamérica ha crecido en comparación con las dos décadas anteriores. Las temperaturas extremas, las sequías y los incendios forestales también han crecido desde los años 90.

Estos impactos afectan de manera directa a familias que viven en pobreza extrema y dependen de la agricultura.

Por otro lado, en Nicaragua, al igual que el resto de países de la región centroamericana, vive una crisis de alimentos, que a su vez está ligada a la crisis energética y a la búsqueda de combustibles “Alternativos”. Empresas con sus grandes estrategias de lobbin y marketing promueven la falsa idea: alimentos sanos para las personas y alimentos no sanos para los vehículos. Lanzando así una cortina de humo sobre los graves impactos que para la vida tiene cultivar masivamente productos transgénicos para obtener agrocombustibles, por los gases de efecto invernadero y por la erosión genética que causan.El gobierno de Nicaragua y los de Centroamérica y todos los actores económicos y sociales de la región debemos plantearnos el problema en esto términos: Agrocombustibles vs. Alimentos, Agrocombustibles vs. Soberanía y Seguridad Alimentaria, Transgénicos vs. Biodiversidad, Agrocombustibles y Transgénicos vs. Cambio Climático, Agricultura Depredadora vs. Agricultura Ecológica y Sostenible. [1]

¿Cómo impacta la injustica climática en las comunidades y en las personas? Hay dos tipos de agrocombustibles: el etanol, que se produce a partir de la caña de azúcar y del maíz; y el biodiesel, que se produce a partir de la palma africana y de la soya. El Salvador optó por la implementación de monocultivos de caña de azúcar.

En el occidente del país hay rostros que conocen muy bien las consecuencias de la implementación de monocultivos de caña de azúcar, la injusticia climática se encarna en esos rostros de las poblaciones rurales. Desde hace aproximadamente 2 décadas, las tierras de estas comunidades se han venido utilizando para cultivar caña como única alternativa, lo cual deriva en nula diversificación de cultivos para el consumo familiar, alejando así del horizonte la posibilidad de la soberanía alimentaria.

Además también está la amenaza del creciente uso de agroquímicos para controlar las plagas, volver fértiles tierras totalmente agotadas y madurantes para que grandes extensiones de tierra sean rentables a los intereses del mercado internacional.

El uso de estos productos agroquímicos de conocidas marcas, elaborados por grandes laboratorios, son los que enferman a las personas y matan la biodiversidad, así lo denunciaron reciente habitantes de las comunidades anteriormente mencionadas, quienes “se concentraron frente al Ministerio de Salud (MINSAL) para entregar una carta a la titular María Isabel Rodríguez, en la que se exige la atención integral en la zona por el incremento en los casos de insuficiencia renal. Las y los pobladores aseguran que el acelerado incremento de enfermedades renales es el resultado del excesivo uso de agroquímicos por parte ingenios y dueños de grandes terrenos dedicados al cultivo de la caña de azúcar”[2].

Este es uno de al menos tres casos registrados oficialmente en tres regiones del país, donde las personas mueren por factores asociados al uso de pesticidas, mueren en condiciones de pobreza por no poder acceder a otro tipo de empleo o alternativa que no sea la de monocultivos, mueren por que su alimentación no es adecuada, porque las políticas neoliberales debilitan al estado de bien estar y las personas no pueden acceder a una educación integral.

Con estos escenarios tan demenciales, nos saltan algunas preguntas ¿es más importante el soporte de un sistema basado en el negocio antes que en las personas que habitan estos territorios?

La respuesta desafortunadamente es afirmativa, mientras los gobiernos de países como el nuestro, del sur, empobrecido por las recetas de los países del norte no propongan soberanía a través de sus leyes, y mientras el norte siga recetando programas de ajuste, tratados de libre comercio, falsas soluciones de monocultivos, préstamos a cambio de soberanía la respuesta seguirá siendo afirmativa. Pero también las voces de las comunidades como El Cocalito, El Triunfo, Morro Grande en los municipios de Jujutla y Guaymango seguirán luchando desde sus contextos locales, y nacionales diciendo QUEREMOS JUSTICIA!

Las comunidades necesitan que las decisiones del rumbo de nuestras vidas sean tomadas por la gente común y corriente, que asume su ciudadanía y se convierte en sujeto/a política, nuestro país y Centroamérica necesita cambios estructurales en el modo de producción, distribución y consumo en todas sus fases. Se necesita de un cambio urgente, serio y responsable que vaya encaminado a lograr el buen vivir de los pueblos empobrecidos, que hoy por hoy son los principales afectados de la Injusticia Climática.

ecoportal.net

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